DESDE A JANELA

en Opinión por

FELIPE DE JESÚS FERNÁNDEZ BASILIO

1 DE DICIEMBRE

Esta fecha tiene un particular simbolismo para nosotros los mexicanos, ya que desde la promulgación de la Constitución de 1857 y hasta el año entrante marca el inicio del periodo en que el Presidente de la República, ya que a partir de 2024 dicho acontecimiento ocurrirá el 1 de octubre.

Y ese simbolismo se deriva de los tiempos de la cuasi-monarquía presidencial que existió en el país desde fines del siglo XIX hasta finales del siglo XX, es decir por un siglo en el cual todos los poderes constitucionales y metaconstitucionales se concentraban en el “Señor Presidente”, quien durante su encargo prácticamente gobernaba de manera absoluta y por consiguiente imprimía su sello personal en todos los aspectos de la vida del país, siendo esa la razón por la que la fecha del cambio de Presidente resultaba especialmente importante para los mexicanos, ya que había mucha expectativa por saber cómo iba a gobernar el nuevo ejecutivo.

Y a pesar de que desde Zedillo para acá el Presidente ha perdido mucho del poder que antes detentaba, debido a que los otros poderes han cobrado más fuerza y protagonismo a raíz de la división de fuerzas en el Legislativo y la profesionalización del Judicial así como de la creación y fortalecimiento de organismos autónomos que ahora son los encargados de llevar a cabo actividades específicas que antes llevaba a cabo el Presidente como conducir la economía (Banco de México) u organizar las elecciones (Instituto Nacional Electoral) entre otras, todavía sigue siendo muy importante la figura presidencial y cómo no habría de serlo ya que de acuerdo a nuestra organización constitucional se trata de la figura del Jefe de Estado y de Gobierno, siendo por tanto el principal cargo público en el país.

Por eso ahora que estamos a un año de que vuelva a producirse el cambio de estafeta en el Ejecutivo Federal empiezan a surgir naturalmente las expectativas relativas a quién resultará electo en julio del próximo año para ocupar tal encargo durante los próximos 5 años y 10 meses, situación que se aumenta por lo incierto del panorama actual en cuanto a los candidatos a ocupar el puesto, ya que a pesar de estar definidos dos aspirantes aún falta un tercero que podría modificar el equilibrio de las fuerzas contendientes.

Y aunque no es el propósito de quien ésto escribe el especular sobre quién podría ganar dicha elección (ya que no se cuenta con el don o talento de la adivinación), si es posible interpretar las estrategias o falta de ellas que cada contendiente tiene hasta este momento de la contienda.

Para hacer ese análisis empezaremos por orden de antigüedad de participar en la contienda y por lo mismo tenemos en primer lugar al permanente candidato a la presidencia de la República desde 2005 a la fecha Andrés Manuel López Obrador, quien con su partido-religión encabeza de arranque las preferencias electorales, ya que siempre está en campaña y por lo mismo siempre está presente en los medios de comunicación, aunado a que tiene un gran número de fieles a ultranza, los cuales se cuentan por miles pero de igual manera tiene tantos miles o más de detractores, (principalmente por las propuestas retrógradas y populistas que ofrece y que a muchos no solo no atraen sino que abiertamente repudian) y por lo mismo no ha podido ganar su ansiada presidencia en las dos ocasiones previas en las que ha contendido por ella y aunque ésta puede ser “la buena”, tendrá primero que vencerse a sí mismo, ya que él siempre se ha autodestruido con sus decisiones de campaña en los momentos en que lidera la contienda y para confirmar lo señalado remitámonos al famoso “cállate chachalaca” que le dedicó en 2006 al entonces presidente Fox y que a la postre le costó la elección de ese año, por lo que si esta vez quiere ganar primero deberá de mantener la prudencia que todo puntero debe guardar para hacer prevalecer su ventaja y por lo que se ha visto hasta este momento, ya empezó mal al criticar al destapado candidato del PRI.

Ahora ocupémonos del candidato del PRI quien, aunque formalmente aún no lo es, ya ha cumplido con todos los anquilosados ritos del destape priísta (incluida esa odiosa “cargada” por parte de lo que aún queda de los sectores del otrora “partidazo”), ritos que no quedan para un país que aspira a ser desarrollado pero que con la vuelta del PRI al gobierno han resucitado, pero que al igual que el militar que se para atrás del Presidente (práctica que ya no existía y que Peña volvió a poner en uso), solo reflejan el bananerismo de países atrasados que necesitan de rodear a su Jefe de Estado de militares para demostrar su poder pero que  hoy en día se trata de una práctica de mal gusto; mas entrando en su estrategia, ellos pretenden poner a su candidato Meade en un segundo lugar de arranque con miras a arrasar en la contienda y es importante para ellos hacerse de ese segundo lugar, porque con ello podrían aglutinar al voto anti López Obrador y con ello, como ha pasado en las últimas dos elecciones, obtener la presidencia (no olvidemos que existen más contrarios a López Obrador que partidarios de éste) y para lograr ese objetivo buscan a como dé lugar posicionar a su candidato como el mejor para repeler el populismo y la demagogia de AMLO, anunciando sus peleles a los cuatro vientos las virtudes del “ungido por Peña” y aunque literalmente nos lo ponen hasta en la sopa, no debemos de olvidar que representa a la corrupción cínica que ha tenido a México postrado a lo largo de su existencia, ya que Meade por muy virtuoso o inteligente que sea tendrá que rodearse y proteger a los que siempre nos han saqueado y hasta matado (no olvidar los conocidos nexos del PRI con el crimen organizado) y por ello parafraseando aquel refrán que dice “que aunque la mona se vista de seda, mona se queda”; bien podemos decir que aunque el PRI nos ponga como candidato al equivalente a la difunta Madre Teresa de Calcuta, su candidatura (y posible gobierno) será igual de corrupta.

Por último, tenemos al Frente Amplio Democrático conformado por el PAN y el PRD principalmente y que según el periódico Reforma (el medio de comunicación más prestigiado del país, aunque no por ello sea infalible), quien detenta el segundo lugar en las preferencias electorales aún y teniendo a un posible candidato todavía verde para ser Presidente como lo es Anaya (quien a juicio del que ésto escribe debe de esperar a la próxima elección y ser antes secretario o gobernador de su estado), mas que no debe de conformarse con ello y por lo mismo debe desde ya (o desde “ayer” como dicen los capataces) presentar al mejor candidato que en su baraja tengan, es decir Moreno Valle (PAN) o Mancera (PRD) para estar en condiciones de asumir ese segundo lugar de arranque y no caer ante la publicidad engañosa del PRI y en consecuencia quedar relegados a hacer una campaña testimonial como lo fue la de Josefina hace seis años.

Por supuesto que no olvido a los candidatos menores del PAN ni a los independientes (quienes cronológicamente ya llevan más tiempo en campaña que todos a excepción de AMLO), mas creo que resulta cansado tanto para el autor como para los lectores desmenuzar sus posibilidades electorales hasta este momento, ya que como en fútbol se dice o pelean por no descender o por puestos secundarios lejos del campeonato.

En fin, esas son las posibilidades de quienes aspiran formar gobierno por última vez en un 1 de diciembre (yo hubiera preferido correr las elecciones para septiembre u octubre y mantener la fecha de toma de posesión mas los legisladores prefirieron aceptar la propuesta de Peña de asemejar la toma de posesión a la del Estado de México, la cual ocurre en un 15 de septiembre) y ahora no nos queda más que seguir el proceso electoral y esperar a que en un año tengamos un gobierno nos haga progresar o que al menos no nos hunda en la corrupción en la que siempre hemos estado y a pesar de su santón decirle que no al PRI.

 

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