Es cuanto…

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Larga vida a los que abren los caminos

Rogelio Hernández

Aunque pareciera que vivimos en el año de la igualdad; en pleno 2018 donde nada nos espanta, hay veces que los demonios de la cultura nos alcanza y aquellos que luchan por la igualdad son vistos como pervertidos aún por aquellos que requieren igualdad en derechos y oportunidades.

Hace más de una semana asistí a una boda que como cualquier otra nos convido a ser participes de su amor y compromiso civil, hubiese sido como otras boda donde para que dicho ritual sea valido deber culminar con el baile “Payaso de rodeo”, y sí, también bailamos esa y muchas otras, pero lo que hizo de este evento algo diferente es que fueron dos hombres quienes alcanzaron a través de un amparo ser reconocidos por la ley en Veracruz, que de sus derechos como esposos mejor no hablamos, porque para ello deberán luchar y mucho para poder alcanzarlos.

No me gusta ir a bodas (bueno, también es que no me invitan, mis amigos no son de esos que se casan), pero había asistido a algunas de personas heterosexuales, entiéndase como aquellas que se enamoran del sexo contrario, pero nunca me imaginé que me invitarían a una de hombres que aman a otros hombres, una boda en pecado mortal como algunos escribieron en comentarios de Facebook.

Estoy completamente convencido que vivimos en un mundo de silencio, represión sexual, política y religiosa, pero lo que mal duele es la moral que acusa… y peor cuando viene de aquellos que también aman a sus iguales. No quiero decir que el matrimonio civil sea para todos, por supuesto que no. Pero es penoso ver como otras personas que también gustan por erotizarse y relacionarse con personas de su mismo sexo hacen comentarios negativos, y no es que se quiera limitar la libertad de expresión, sino que no se dan cuenta que ellos son quienes están abriendo el camino para que la discriminación sea menor gracias a la visibilidad que dan a las relaciones entre personas del mismo sexo.

Creo que no visualizamos el penoso camino que han transitado algunos ciudadanos para alcanzar los derechos de cualquier veracruzano, derechos que las parejas heterosexuales tienen sólo por serlo, no tienen que luchar para que sus parejas les compartan seguridad social entre otras cosas.

Llegar a un matrimonio entre dos hombres no es fácil, y no es fácil porque se deben derribar las propias barreras, esas que en la escuela, la familia y sociedad te fueron introyectando a través de las burlas,  los desprecios, las ofensas, en nombre de “las buenas costumbres”, hace falta ser empático y entender el calvario de aquellas personas con una orientación erótico afectiva han luchado por aceptarse y ser aceptados, que muchas veces se ocultan como si el amor entre iguales no fuera maravilloso, obligados a vivir en el armario, a llevar una doble vida.

Lo bonito de asistir a una boda de personas del mismo sexo es la inclusión que se vive, por ejemplo no hay segmentación en los rituales, sino que todos son invitados ya sean hombres o mujeres para atrapar el moño o bailar el vals.

Aunque parecerá que hay apertura, cuando una pareja gay va de la mano por la calle puede sentir las miradas penetrantes de las personas que les rodean. No son insultados, ni amenazados físicamente, pero notan que están siendo observados, para luego voltear la mirada. Lamentablemente se confunde lo  Gay-friendly con ignorar o hacer que no existe, creer que si el que dos hombres vayan tomados de la mano no afecta tu entorno entonces no hay problema. Nadie dice nada, pero no lo aprueban, por eso voltean a ver a otro lado.

Se espera que el papel del Estado democrático liberal parte del reconocimiento del pluralismo y de la autonomía de los individuos para decidir bajo qué tipo de reglas morales desean regir su vida. De acuerdo con lo anterior se el Estado no debe asumir ninguna idea sustantiva sobre lo que es una vida buena, es decir, debe ser neutral e imparcial al adoptar alguna posición particular del espectro de modalidades de vida posibles.

Según la Conapred el Estado democrático tiene la tarea de garantizar la autonomía de los individuos y la posibilidad de su autorrealización, por lo que el arreglo político establece una división entre las esferas pública y privada.

Finalmente aquellos que contraen matrimonio legal, son quienes han tenido la fuerza de luchar por lo que realmente quieren y eso, eso es invaluable y admirable.

Larga vida a los que abren los caminos.

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