TIERRA DE BABEL

en Opinión por

 

Jorge Arturo Rodríguez

Afán de riqueza y poder 

“Las próximas elecciones podrían ser

el comienzo del fin de esta ciudad,

que se va a echar a perder por culpa

de un sucesor al que moverán el ansia

de poder y la sed egoísta por gobernar”.

(Joël Dicker, La desaparición de Stephanie Mailer)

A la vuelta de la esquina, un nuevo gobierno se avecina, con promesas de mal viento, pero también dizque de buena vibra, de horizonte de esperanzas, ambas dos situaciones sólo nos deja desaliento puesto que en los últimos días nos quedamos con el mal aliento, con el tufo, la cloaca, la alcantarilla política destapada.

         Ahora resulta que hemos descubierto que el mal más peor es la corrupción, como si ésta no hubiera estado presente desde hace mucho tiempo y hoy se engrandece como monstruo salido de los dibujos animados, las caricaturas, de las películas para niños y grandes, el terror diario que hemos padecido y no sé si así seguirá, y si empeorará, porque no tiene la culpa el indio, sino… Además, ¿alguien no tiene cola que le pisen?

         No es necesario definir la palabra “corrupción”, pero si de algo sirve significa: “Situación o circunstancia en que los funcionarios públicos u otras autoridades públicas están corrompidos”. Lo cual nos deja igual. Pero según Wikipedia.org, “La corrupción política se refiere a los actos delictivos cometidos por funcionarios y autoridades públicas que abusan de su poder e influencia al hacer un mal uso intencional de los recursos financieros y humanos a los que tienen acceso, anticipando sus intereses personales y los de sus allegados, para conseguir una ventaja ilegítima generalmente de forma secreta y privada. El término opuesto a corrupción política es transparencia. Según Hernández Gómez (2018), la corrupción se define como “toda violación y/o acto desviado, de cualquier naturaleza, con fines económicos o no, ocasionada por la acción u omisión de los deberes institucionales, de quien debía procurar la realización de los fines de la administración pública y que en su lugar los impide, retarda o dificulta.” Por esta razón se puede hablar del nivel de corrupción o de transparencia de un Estado legítimo”.

         Aclarado el punto, Denise Dresser, en su artículo “Destapar la cloaca” publicado en 2002, escribió: “El escándalo Pemex es una de esas ventanas que, al abrirse, proporciona un panorama privilegiado de la historia Mirar a través de ella permite entender las vicisitudes de la vida política del país bajo el PRI. De pronto los mexicanos ven —en blanco y negro, con cifras y cuentas, con pelos y señales— lo que el partido oficial hacía para mantenerse como tal. Al correrse la cortina de la corrupción, todos pueden examinar el lodazal que se escondía detrás de ella.

“La corrupción rara vez es un acto individual Suele involucrar grupos de personas vinculadas por el intercambio de favores y la oferta de oportunidades. Suele crear círculos concéntricos de cómplices y bancadas de beneficiarios. El PRI hizo de la corrupción una forma de vida porque podía hacerlo. El PRI se volvió diestro en el arte del pillaje porque había pocos personajes con las manos limpias que denunciaran al ladrón. El PRI saqueó la bodega cada sexenio porque no había nadie que sonara la alarma. Siempre había uno que encubría a otro, y la propuesta de pagar para ganar no sólo era posible sino deseable. El dinero —como escribe el novelista Martin Amis— es una complicidad tácita y el PRI la promovió de manera explícita”. ¿Acaso no pasó también con el gobierno panista?

Ha salido a la luz la cloaca, la mierda sembrada y cosechada desde hace mucho tiempo. Como bien lo escribió Salvador García Soto, en su columna Serpientes y escaleras, y que tituló “Una semana y se cimbra la política mexicana”: “En sólo siete días transcurridos del juicio más sonado en la historia del narcotráfico, las declaraciones de testigos y abogados en la Corte Federal de Nueva York han cimbrado a las más altas esferas de la política mexicana con señalamientos directos de pago de sobornos contra dos presidentes del país, un ex secretario de Estado y un ex funcionario de la administración capitalina en tiempos del actual presidente electo de la República. Y es cierto que ninguna de las acusaciones vertidas hasta ahora en el juicio contra Joaquín El Chapo Guzmán ha sido acompañada de pruebas y que los escandalosos señalamientos contra las máximas autoridades mexicanas son más estrategias, tanto de la Defensa como de la Fiscalía; pero en el imaginario colectivo y para la prensa nacional e internacional, los puros dichos de los declarantes confirman las dudas ya existentes sobre la complicidad de altas esferas del gobierno y la existencia de la narcopolítica en México.” Más clarito ni el agua… O en este caso, más turbia el agua, ni dudarlo.

Pero en un país donde las leyes son muchas, pero valen madres, habría que recordar a Tácito cuando dijo que muchas son las leyes en un estado corrompido. Además, en muchas empresas el silencio no es oro, el silencio es un sobre, como dijo el humorista español Jaume Perich.

Ya que la corrupción salió a flote, y dicen que se combatirá a fondo –pero la corrupción ahí estaba y está, en el fondo y en la superficie-, me pregunto si una consulta lo solucionará. O dará tiempo los seis años. En principio porque dice Amlito que “es tanta la corrupción en México que no nos alcanzarán las cárceles ni los juzgados, pero si somos honestos, como lo somos, tenemos que empezar con los de arriba de tiempo atrás y eso nos meterá en un pantano de confrontación”. ¿Pos entonces? He ahí, a perdonar se ha dicho. Puesto que, “Dios, no saben lo que hacen, ni supieron nunca lo que hacían”. Ajá, mi nieve de vainilla, por favor.

Me quedo con lo que dijo el político francés Louis de Bonald, los hombres son pervertidos no tanto por la riqueza como por el afán de riqueza.

En contra parte, José Saramago expresó: “La alternativa al neoliberalismo se llama conciencia. Eso es lo que tenemos que formarnos todos los días, en la reflexión, en el debate, en el examen en profundidad de las cosas, de las circunstancias. Lo que se está preparando en el planeta en el que vivimos es sencillamente un mundo para los ricos. Claro que habrá pobres, pero el mundo será para el disfrute de los ricos. No tenemos poder, no estamos en el gobierno, no tenemos multinacionales, no dominamos las finanzas especulativa, mundial, no tenemos nada de eso. ¿Qué es lo que tenemos entonces para oponernos? Nada más que la conciencia. La conciencia de todos los hechos, la conciencia de mi propio derecho, la conciencia de que soy un ser humano, sencillamente un ser humano y que no quiero ser más que eso. La conciencia de que lo que está en el mundo me pertenece, no en el sentido de propiedad, me pertenece como responsabilidad. Me pertenece con derecho a saber, con derecho a intervenir, con derecho a cambiar. Eso se llama conciencia. Y esto no se gana un día, para quedarse con la conciencia hasta el final de los días. Se gana y se pierde y se renueva todos los días.”

¿Acaso siquiera sabemos que existe la conciencia?

Los días y los temas

De las comparecencias de la actual Legislatura de Veracruz, mejor sería no hablar, porque “nada por aquí, nada por allá, todo está por terminar”, pareciera que así piensan los secretarios de las dependencias del gobierno yunista. Veamos el próximo año, junto con los gobiernos federal, estatal, municipales y, desde luego, los 50 diputados de la LXV Legislatura local. ¡A ver qué tal, México! A ver qué tal, Veracruz.

De cinismo y anexas

No todo es amargo, aunque entre broma y broma… aquí se las dejo:

*-Hola, quiero conocerte mejor, tengo 38 años, soy diputado desde hace 10 años y soy honesto.

-Hola, encantada, tengo 30 años, soy prostituta desde hace 15 años y soy virgen.

*La política es semejante a la religión; la diferencia es que en política cada uno confiesa los pecados del adversario.

*Llevan a un diputado acusado de corrupción, lavado de dinero, tráfico de armas e influencias, etcétera, ante el juez.

-Verá, Su Señoría, es que yo soy diputado y… El juez lo interrumpe:

-La ignorancia no es una excusa.

-Dos amigos hablando:

-¿A quién le vas a votar en las próximas elecciones?

-Yo, a Alibabá y los 40 ladrones.

-¿Y eso?

-Para asegurarme que solo sean 40.

*¿Por qué los políticos son una prueba de la reencarnación?

-Porque nadie puede hacerse tan retorcido en una sola vida.

Ahí se ven.